Autor: Libardo Linarez
Nuestra sociedad todavía padece los síntomas de un sometimiento sistemático alojado en nuestra psique por medio de un terrorismo exharservado que hizo de la resignación y el auto-encierro una respuesta de supervivencia expedita a nuestra condición de indefensión. Pero hoy son otros los retos en medio de las mismas amenazas que parecen ser un cuadro social patológico.
Hoy se nos ofrece cambiar solo el color y los nombres a ciertas anomalías absolutistas. Uno mira con asombro que se plantee la necesidad de crear un sistema democrático eficiente aupando prácticas absolutistas. Pareciera que todo esfuerzo se busca circunscribir forzosamente desde un despropósito.
Mientras más avanzan los ciclos, más acentuadas se hacen las manifiestas intensiones de llevarnos al reciente pasado. Sin pudor alguno se nos muestra nuevamente el charco. Y lo preocupante no es tanto que, impúdicamente, nuevas expresiones del “absolutismo” muestren sus planes. Preocupante es ver dirigentes nacionales de algunas organizaciónes dándole viabilidad a las mismas aberraciones de las que todavía no hemos podido librarnos.
Tal vez la respuesta a todo esto esté en ese artículo de prensa de un antropólogo y académico de la Universidad del Zulia que reiteradamente suelo citar, el cual plantea valientemente que “HEMOS PERDIDO EL SENTIDO DE ESPECIE”.
Y es que cuesta hallarle sentido al acompañamiento a ciertas deformaciones que plantean los mismos modos de sometimiento. Hoy, cuando deberíamos estar discutiendo normas que garanticen LA NO REPETICIÓN de cierto tipo de conducta, hacemos cola para avalar tales prácticas.
Este lapso de tiempo de espera que va corriendo es propicio para discutir sobre estas anomalías y crear propuestas alternas con un verdadero sentido cívico. No se trata de atacar personas, sino de corregir conductas y generar garantías al país de que no quedaremos patinando en el mismo charco de las viejas prácticas caudillistas.
Esto implica crear normativas y propuestas que le cierren el paso al absolutismo como expresión política y cultural. Se trata de crear marcos referenciales para la autonomía ciudadana. Cada región tiene sus referentes con antecedentes propios. Cada municipio está en la obligación de crear fórmulas ciudadanas auspiciadas por organizaciones sociales y políticas que tengan un verdadero carácter democrático.
Aceptar nuevas modalidades de absolutismo, es dar a entender que nos faltaron algunos años más de padecimiento para poder reaccionar a este tipo de prácticas políticas. Es mejor advertir HOY lo que podemos llegar a lamentar mañana.
Sin complejos debemos dar apertura a espacios de discusión donde se generen propuestas y marcos referenciales que echen por tierra ciertas aberraciones que buscan llevarnos a la repetición de conductas que deben quedar al pasado.
Más allá de las diferentes lecturas que podamos tener del momento que atravesamos, necesitamos erradicar conductas que nada le aportan al establecimiento a un sistema genuino de participación ciudadana. Es necesario dar el primer paso antes que nuevamente reine la barbarie en nombre de la democracia.
Ayer lo decía y hoy lo ratifico, nos URGE «dispararle al espejo» si verdaderamente queremos un divorcio definitivo con un pasado que aún no termina.
Libardo Linarez

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