14 errores de publicidad electoral que puedes evitar

Opinión 09 de enero de 2022 Por Equipo de redacción Alfayaracuy
Ni siquiera la más brillante publicidad electoral asegura tu triunfo. Pero los errores de publicidad electoral sí que pueden llevarte a la derrota.
Daniel Eskibel
Daniel Eskibel

La campaña política permanente es el tiempo de la siembra. La campaña electoral, en cambio, es el tiempo de la cosecha. Es el momento en el cual sintetizas en votos todo lo realizado en los años anteriores. Votos. Ese es el gran indicador que mide tu avance o tu retroceso. Votos.

 

La publicidad electoral es uno de los factores que te ayuda a transformar en votos tus ideas. Por sí sola no asegura ningún triunfo. Pero los errores de publicidad electoral suelen pagarse caros. Por eso es importante que conozcas cuales son esos errores y que intentes evitarlos.

14 errores publicitarios que debes evitar en tu campaña electoral


No son todos los errores que se cometen, claro está. Pero son una selección lo suficientemente abarcativa y precisa como para que tomes las decisiones correspondientes. Cuando llegue tu próxima campaña electoral, evita por favor los siguientes 14 errores publicitarios:

Falta de profesionalismo: políticos operando como creativos publicitarios. Zapatero a tus zapatos, debes dejar la creatividad publicitaria en manos de los profesionales. Ellos son quienes tienen la capacitación y la experiencia como para hacerlo. Tu función como político es otra y se ubica antes y después de la creación publicitaria. Antes, en el plano de las ideas y las estrategias políticas que los profesionales deberán traducir en publicidad. Y después, cuando hay que evaluar las propuestas creativas.


Dispersión: publicidad electoral concebida como sucesión de piezas publicitarias individuales. No se trata de crear más o menos spots para televisión sino de crear una campaña con una estructura y una narrativa de la cual cada pieza participe desde su lugar y función.


Narcisismo: criterios estéticos y publicitarios basados en la preferencias personales de políticos o publicistas. En realidad las preferencias estéticas más importantes son las de los públicos hacia los cuales se dirige la publicidad.


Incoherencia: publicidad que cambia de rumbo ante los más pequeños episodios de campaña. Siempre hay varios caminos alternativos que tomar, pero hay que tomar decisiones y luego mantener la coherencia. La mejor publicidad electoral no es la que zigzaguea sino la que va en línea recta.


Rigidez: publicidad que nunca cambia de rumbo por más que ocurra un cataclismo político. Es el error simétrico al anterior. Siempre es necesaria una dosis de flexibilidad para hacer modificaciones cuando sea necesario. Y esa necesidad se mide evaluando sistemáticamente la marcha de la campaña y los efectos de la publicidad sobre el electorado.


Asambleísmo: creer que cuantas más personas opinen sobre la publicidad tanto mejor será la campaña. Al revés: será peor. Las asambleas son mecanismos democráticos indispensables en muchos ámbitos pero no sirven para hacer buena publicidad.


Improvisación: publicidad electoral que no está respaldada por una previa investigación de opinión pública. Antes de la primera idea publicitaria es necesario conocer cómo viven, cómo sienten, cómo actúan, cómo piensan y cómo toman decisiones las personas a las que se quiere persuadir o movilizar. Ese conocimiento solo lo da la investigación.


Aburrimiento: piezas publicitarias carentes de todo atractivo. Para convencer hay que capturar la atención y entretener. La creatividad es esencial en esa tarea. Se trata de innovar, de producir algo nuevo, de generar nuevos formatos o de darle nueva vida a viejos estilos.


Extravagancia: cuando la originalidad se lleva al exceso. Es la contracara del aburrimiento pero tiene similares efectos negativos. Ser original no es un fin en sí mismo ni tiene que ubicarse por encima de todo lo demás. Cuidado con la publicidad que llama la atención por su rareza pero que no convence a nadie acerca del candidato.


Falta de brújula: publicidad sin estrategia política. Las más brillantes campañas publicitarias se hunden si carecen de estrategia. Lo primero es el plan estratégico. La publicidad viene después y se debe poner al servicio de ese plan.


Superficialidad: publicidad que olvida la política. Son esas campañas estancadas en la sonrisa de los candidatos, la bonita apariencia de las imágenes y la música agradable. Carecen de profundidad y de vínculos con los problemas del electorado. Al final del día son puro chisporroteo que se diluye sin consecuencias.


Espesura política: la lógica política por encima de todo. Es la publicidad electoral que se asemeja a un discurso político, a una intervención parlamentaria, a un manifiesto, a unas declaraciones de prensa o a un mitin. Se limita al encadenamiento de ideas políticas con la más pura lógica política. Así, sin más, se condena a repetir lo ya dicho, a machacar con el argumentario que ya machacó durante los años anteriores. Como si la campaña electoral no existiera y no fuera diferente a la campaña política.


Frialdad: publicidad que no conmueve. La publicidad electoral solo conecta con el votante en la medida que tenga cierta tonalidad afectiva, cierta calidez humana. No son los fríos silogismos los que mueven a los seres humanos. Son las emociones.


Exceso de complejidad: publicidad que no se comprende. Nunca en la historia de la humanidad el cerebro de los votantes estuvo tan bombardeado informativamente como ahora. En este contexto el cerebro se bloquea y se resiste ante lo complejo. Para superar el bloqueo tu publicidad electoral debe ser simple, fácil, directa, accesible.


La experiencia indica que en las campañas electorales gana el que menos se equivoca. Pues eso: evita cometer errores y estarás más cerca del triunfo.

Equipo de redacción Alfayaracuy

“Nadie debe obedecer a aquel que no merece mandar”. Cicerón.

“El secreto de la salud para la mente y el cuerpo no es lamentarse por el pasado, ni preocuparse acerca del futuro, sino vivir el momento presente sabia y provechosamente”.

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