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¿Militantes, simpatizantes, o aduladores?

La adulancia en política, y al gobernante de turno no es nueva; donde los imbéciles, oportunistas, y enchufados, no dudan un instante, ni desperdician la ocasión para jalar bolas.

Opinión 12/02/2022 Edgr Perdomo Arzola

Auditorium

Edgar Perdomo Arzola - [email protected]

 “A un pueblo no se le convence, sino de aquello de quiere convencerse”. Fin de la cita. Miguel de Unamuno.


 

La adulancia en política, y al gobernante de turno no es nueva; donde los imbéciles, oportunistas, y enchufados, no dudan un instante, ni desperdician la ocasión para jalar bolas.

La adulancia, y el jalabolismo han existido a lo largo de toda la historia de la humanidad siempre concatenada con lo perverso.

Donde la joda popular, le aplica al adulador un sinnúmero de calificativos dentro de su lenguaje coloquial.

La conducta más miserable, que puede exhibir una persona, y sobre todo cuando es capaz de manifestarse en forma rastrera, en un jalabolismo exagerado que se expresa con un fin baboso e interesado. Estas acciones son definidas por el Diccionario de la Real Academia Española, con un término muy preciso llamada: ‘adulación’, y de ahí que se llame adulador al que ejerce este abominable oficio, y de adulado al que lo acepta o cultiva. La adulación es un campo fértil para aquellos que ejercen el poder, donde el adulador será más habilidoso halando esféricas, de una manera eficiente y servil, que los que salieron a buscar votos, pateando calles, y por las redes sociales sembrando matrices de opinión electorales de triunfo, de que ese era el mejor candidato, para la alcaldía, o la gobernación, mientras los *pedecas* hoy privilegiados con contratos, echaban paja, para que perdieran. Hoy vemos mucha decepción temprana, cuando el gobernante recién vestido, no atiende, el teléfono, no le da repuestas a los mensajes, ni le para bolas a las correspondencias, pero el militante si está obligado a escuchar los monólogos cansones, semanales por radio, y las redes sociales.                                                                                                                                                          

Edecio La Riva Araujo (+), político socialcristiano en su libro Elogio de la Adulancia, realizó un análisis metódico en torno a estos profesionales políticos de baja estofa, que hoy en pleno siglo XXI, hacen de la adulación el oficio político más abominable. Donde el perfil de un político es degradado en lo ético, lo psicológico, lo sociológico, y lo histórico. Manifestaba el Machete La Riva Araujo que la adulación era un verdadero arte, formando parte de la propia naturaleza humana, y se encontraba diseminado en toda la geografía nacional, perdurando en el tiempo, hoy mucho más sembrado en la revolución: “la fiesta derrape-desnalgue en los tepuyes del parque Canaima, con el perverso culto a la personalidad. Donde se examina los principios esenciales que guían la práctica de la adulación. También señalo que existen varios tipos de adulantes, donde sobresalen los mediocres de Toga Y Birrete.  El doctor Edecio La Riva Araujo, recordó en su obra a Dante Alighieri, que situaba a los aduladores, al lado de los cínicos e hipócritas, los ladrones, como los alcaldes, diputados, dirigentes políticos presos en la operación “Manos de Hierro” que hoy nadie, le escribe un Réquiem, por lo mala gente que fueron etc.  

Condenándolos a cumplir penas en las pailas del infierno, ya que cuando eran freídos el olor que emanaban era espantoso y nauseabundo, pero el sufrimiento no provenía de la hediondez que expelía la fritanga, sino que, en ese sitio, no había la posibilidad de adular a un líder. Este castigo era lo suficiente para expresar el desprecio y repudio por los aduladores de todo pelaje, que vemos hoy en la revolución.

Que asociemos a un combatiente tan valiente y decidido como Edecio La Riva Araujo con la adulancia no deja de ser una paradoja, que nos hace caer en la combinación negada.

En efecto, en ese personaje, tan importante en el Copei primigenio, convergían elementos inusuales, el partido social-cristiano era pródigo en excelentes oradores, pero, con una cierta tendencia parlamentaria o academicista, casi castelariana, Edecio en cambio fue un excelente agitador de plaza pública, un mitineo espontáneo, tan bueno que parecía adeco. “Machete” como lo identificaron en una aspiración presidencial posterior, fue un hombre de acción y de combate, lo que no pasó por alto, Pedro Estrada quien, le mandó a dar una paliza fenomenal que lo sitúo, junto con Patrocinio Peñuela Ruíz, en el reducido grupo de los más golpeados seguidores del doctor Rafael Caldera.                                   

Este artículo no se circunscribe ni al libro del pugnaz merideño, ni a un caso particular, o individual. ¡Ojalá así fuera! Se refiere a una sospecha que, día a día, se arraiga en mí, de que algún misterio del ADN revolucionario, el gobernante de turno en el estado, y en los municipios, nos quiere someter espantosamente, o ser proclives a la adulancia, o por lo más bajo a tolerarla, cuando no fomentarla rastreramente en los subalternos, con bastante descaro.

Moraleja: Esta forma tropera de dudosa naturaleza, y  de mal gusto, tuvo activa manifestación en el Libertador y en su primo Antonio Guzmán Blanco, Páez la toleró con distancia pese a su personalidad justificadamente auto afirmativa, Cipriano Castro llegó a la caricatura y a la absoluta desvergüenza, Juan Vicente Gómez se supo administrar, la tolero hasta donde la consideraba útil, rechazó, a veces con cierta violencia, los excesos, siempre recuerdo que cuando algún jalador irredento, pretendió erigir una estatua de don Pedro Cornelio Gómez, su padre, un hombre de negocios y familia, ajeno al oropel público, creyendo que ello seduciría al Benemérito, recibió, con esa voz helada que desnudaba el alma, un lacónico ¡Con mi papá no se meta! Fin de la Moraleja. 

Pero hoy existen los casos individuales de mandatarios y hombres de poder, donde destapan el convencimiento general, y de baja estofa de que es mejor jalar bolas que escardilla, algo tiene que estar muy mal en el alma de un

pueblo para que algo tan desagradable como rebajarse a inclinar la cerviz sea cotizado, y recetado como fórmula exitosa.

Estos años de disparate, como casi todos los enchufados de nuevo cuño, han sido generosos en la adulancia, y sobre todo en el muy mal gusto, mezclados con gracejo y vulgaridad, da pena, y no es ajena, porque venezolanos somos todos.

Y lo más grave es el poder corruptor de la adulancia, lo que surja o quien surja en el horizonte, mucho antes de que se sepa si sirve o no, para el destino al cual aspira, ya es ensalzado, deificado, adulado muchas de las insólitas bufonadas que hemos padecido en estos últimos veinte y dos años, se deben a quienes canonizaron, adularon y moralmente corrompieron a aquellos que nunca han debido hacer otra cosa que con rigor, y sana modestia aprender, superarse, consultar, oír a quienes debían, y desoír a los malos consejeros, siempre en búsqueda de personal provecho.

Así, mis queridos camaradas, militantes, y amigos, decepcionados, con el nuevo poder regional, y local arrogante, veamos cómo superar ese “jalabolismo” atávico, paralizante, vergonzante, aprendamos a exigir calidad, consistencia, integridad, honestidad, decencia, la decencia en política, y sobre todo en mi persona que hago opinión pública, alejado de ese dogma de fe politiquero abominable, no es porcentual, se es, o no se es decente,  o seguiremos condenados a reeditar mediocridades, nulidades engreídas, tontos graves, que los que los lleva es al fracaso: ¡Ya basta! ¡Da vergüenza!

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