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AD: ¡Para muestra, un botón! 

La codicia y la corrupción de muchos de sus dirigentes, son protuberantes y malolientes, como las de los pudrimollonarios que se han enriquecido hasta el asco bajo la traición moral de los gobiernos de Hugo Chávez Frías y Nicolás Maduro Moros (MVR/PSUV).

Política 19/02/2022 Manuel Isidro Molina
Llego

OIDO AL TAMBOR 


El desastre interno del partido Acción Democrática (AD, 1941) es muestra más que suficiente de la triste y empobrecida realidad del archipiélago en que sus propios dirigentes han convertido a lo que algunos trasnochados todavía llaman "la oposición".


Eso de "la oposición" no existe (R. I. P.), y quién lo siga repitiendo es un necio o un gran manipulador para engañar incautos. La ignorancia no perdona.


Desde 1998, esa dirigencia fracasada no da pie con bola, errática, empobrecida moralmente e irresponsable y aventurera, violentista a ratos y cobardona y llorona cuando les va mal. 


La codicia y la corrupción de muchos de sus dirigentes, son protuberantes y malolientes, como las de los pudrimollonarios que se han enriquecido hasta el asco bajo la traición moral de los gobiernos de Hugo Chávez Frías y Nicolás Maduro Moros (MVR/PSUV).


Ambos bandos exponen el fracaso histórico de una forma corrupta e irresponsable de hacer política y ejercer funciones públicas, asociados con empresarios y pseudoempresarios corruptos que en conjunto han saqueado a Venezuela desde 1974 en adelante, sin solución de continuidad. Por eso los llamo "cómplices de la destrucción nacional", comandita miserable a la que se agregó con fruición una pléyade de militares ladrones,  muy codiciosos, hedonistas, vagabundos y sifrimos (activos y retirados), que han hecho de la corrupción, el abuso de poder y el descaro pendenciero una forma de degradación sin precedentes en la historia de la Fuerza Armada Nacional Bolivariana (FANB).


Es más, la actual Acción Democrática junto con el PSUV -y sus corrompidos satélites-, lo que queda de Copei, G4 y las agrupaciones llamadas "alacranes" son en conjunto los responsables y cómplices de la tragedia histórica que sufrimos en Venezuela. 


Que Bernabé Gutiérrez -flamante secretario general de la AD "pinchada" por el TSJ- o Henry Ramos Allup -el defenestrado- sean los máximos líderes de esa organización politica, no tiene importancia para la mayoría inconforme de venezolanas y venezolanos.


Dividida o "unida" -como procura un grupo de espontáneos- la AD que hizo historia con sus seis polémicos presidentes de la Republica, quedó en el camino para los historiadores: Antonio Ledezma, Timoteo Zambrano, Manuel Rosales y Claudio Fermín son -entre otros- parte de la degradación de AD, junto con Bernabé Gutiérrez y Henry Ramos, son muestra de lo en realidad es el "partido del pueblo" hoy. ¿Será, que se juntan? No creo, pero -repito- son muestra viviente de la degradación política, ideológica y moral del liderazgo político venezolano, en un largo y oprobioso proceso que arrancó en Venezuela durante la campaña electoral de 1973, con David Garth y Joe Napolitana como asesores del marketing político estadounidense. ¡Basura pura! Fue el inicio de la contaminación perversa que terminó por imponer la política como negocio y los negocios como complicidad delictiva en la destrucción del Estado.


Los enanos del archipiélago opositor hacen parte de la mesa de cálculos del PSUV. Por tanto, forman parte de un degradado tinglado que ha triturado las enormes potencialidades del pueblo venezolano, tantas veces traicionado.


2024 está a la vuelta de la esquina, año presidencial en Venezuela. ¡Será decisivo para el futuro de la patria! 


Que Henry Ramos -con apoyo de Bernabé Gutiérrez- resulte designado precandidato de AD para medirse con otros fracasados e irresponsables como Juan Guaidó, Julio Borges, Maria Corina Machado, Leopoldo López o Henrique Capriles, nada aportará a la mayoría inconforme que decididamente quiere -¡y puede!- sacar del poder a los pudrimollonarios del chavismo. Ambos bandos -juntos en interacción perversa- han sido y son "cómplices de la destrucción nacional".


2024 puede ser el año de la entrada de Venezuela al siglo XXI. Llevamos 22 años perdidos y retrógrados, precedidos por 25 años de inadvertida decadencia moral y destrucción de lo público, al ritmo impuesto por el neoliberalismo, la codicia y la irresponsabilidad histórica. 


Elevar la mirada con el auténtico amor a la patria que nos reta y estimula, es la opción. ¿Para que empeñarse en más de lo mismo? ¿Qué puede cambiar, así? ¡Nada!


Manuel Isidro Molina
   
manue[email protected] 
WhatsApp 0412-5599446 
manuelisidroxxi.blogspot.com 

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