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Breve historia del coffee break

Cultura 02 de marzo de 2022 Por Liliana Fuchs
Beber café es para muchos un pequeño placer cotidiano convertido en necesidad para quienes necesitan la cafeína para rendir cada día. Raro es el espacio de trabajo que no disponga de, al menos, una cafetera o máquina de vending a disposición.

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Beber café es para muchos un pequeño placer cotidiano convertido en necesidad para quienes necesitan la cafeína para rendir cada día. Raro es el espacio de trabajo que no disponga de, al menos, una cafetera o máquina de vending a disposición de sus empleados, y la pausa para el café se ha institucionalizado como parte de la jornada laboral. Un descanso que nació de la mano del mismo sistema capitalista para estimular la productividad de sus trabajadores.

Muy alabados son los beneficios que tiene para el organismo y el bienestar psicológico tomarse esos 15 minutos diarios para hacer un paréntesis y reavivar las energías con un café, tanto en tranquila soledad como en compañía. Un pequeño descanso despeja la mente y el degustar esta bebida, con su aroma recién hecho, genera sensaciones placenteras, sumando el poder estimulante de la cafeína y su capacidad para combatir la fatiga o la somnolencia.

 

Eso es precisamente lo que buscaba el estadounidense Phil Greinetz cuando, en la década de 1940, instauró en su fábrica el coffee break de 15 minutos dos veces al día entre sus empleados, o más concretamente, empleadas. Una decisión que poco tenía que ver con la preocupación por el bienestar de sus trabajadoras, y mucho con los beneficios económicos.

Parar para producir más, pero sin cobrar


El estallido de la Segunda Guerra Mundial dejó a Phil Greinetz, propietario de Los Wigwam Weavers, una fábrica de corbatas en Denver, tuvo que enfrentarse al mismo problema que tantos otros negocios de Estados Unidos, la falta de mano de obra. Con la llamada al frente de gran parte de la población masculina joven perdió a sus mejores trabajadores, aquellos que debían manejar los telares, un trabajo que exigía notable esfuerzo físico.

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Tras probar fallidamente contratando a hombres ya mayores, Greinetz apostó entonces por incorporar a más mujeres en su fábrica. Sin embargo, estas no llegaban a rendir de la misma forma que lo habían hecho sus anteriores trabajadores, pues carecían de la resistencia necesaria para aguantar al mismo ritmo un turno completo.

Según relata Austine Sedgwick's en su libro Coffeeland, reseñado por Michael Pollan en The Atlantic, el empresario convocó entonces a toda la empresa para discutir el problema; la plantilla sugirió poder disfrutar de dos descansos al día en los que además tuvieran café.

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Greinetz accedió y comprobó al poco tiempo que, efectivamente, el ritmo de trabajo mejoraba considerablemente. Las pausas de 15 minutos para tomar café, por la mañana y por la tarde, se impusieron así como parte de la jornada, pero sin estar incluida en esta. Es decir, Greinetz impuso los breaks obligatorios pero negándose a pagar por esos 30 minutos de pausa diaria.

Si hay beneficio, el break se paga


La plantilla de Los Wigwam Weavers no protestó -no estaba la situación económica para hacer demasiadas exigencias-, pero Greinetz tuvo la mala suerte de encontrarse en el verano de 1955 con un inspector de horas salariales del Departamento de Trabajo estatal.

El inspector, según narraba la revista Time que se hacía eco de la noticia aquel año, le avisó de que esos descansos debían ser remunerados, pues "En cuanto entran por su puerta, están cumpliendo su tiempo de trabajo". Greinetz se negó y el Departamento de Trabajo llevó el asunto al Tribunal de Distrito de Colorado, que falló a su favor.

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Los abogados estatales recurrieron entonces a instancias superiores. En 1956, un tribunal federal de apelaciones les dio la razón, dictaminando que, dado que las pausas para el café "promueven una mayor eficiencia y dan lugar a un mayor rendimiento", beneficiaban tanto a la empresa como a los trabajadores y, por tanto, debían contabilizarse como tiempo de trabajo remunerado.

Ya unos años antes la expresión coffee break (pausa/descanso para el café) se había introducido en el lenguaje popular a través, cómo no, de una campaña publicitaria. La Pan-American Coffee Bureau (Oficina Panamericana del Café), un grupo comercial organizado por los cultivadores de centroamérica muy popular en aquella época por sus anuncios en prensa y televisión, lo convirtió en parte de su eslógan más famoso.

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Es decir, "regálate una pausa para el café... y recibe lo que el café te da." En otras palabras, no te saltes ese descanso para aprovechar y tomar un café y así podrás seguir rindiendo al máximo en tu trabajo. Al menos, que sea cobrando.

 

Fuente directoralpaladar.com

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