Corrientes que dan vida

Noticias 01 de mayo de 2021 Por National Geographic
Aquel extraño fenómeno que entorpeció la navegación a los antiguos conquistadores españoles contribuye a regular la temperatura del Atlántico Norte. Por ejemplo, entre otros beneficios, es responsable de que algunas regiones del oeste y el norte de Europa, como el Reino Unido o Escandinavia, gocen de una temperatura mucho más templada de la que les correspondería por su latitud.

La Florida

Corría el año 1513, y el conquistador Juan Ponce de León acababa de desembarcar en la actual Florida, territorio del que tomó posesión para la Corona de Castilla. Cuando las tres naves que integraban la expedición se dirigían hacia el sur, notaron que, a pesar de tener el viento a favor, apenas conseguían moverse del lugar. De hecho, por más que desplegaban todas las velas, no solo no avanzaban, sino que retrocedían.

"El día siguiente, yendo por el borde de la mar los tres navíos, vieron una corriente que, aunque tenían viento largo, no podían andar adelante, sino atrás; y al fin se conoció que era tanta la corriente, que podía más que el viento. Los dos navíos que se hallaban más cerca de tierra fondearon, pero era tan grande la corriente, que hacía rehilar los cables". De este modo narraba Antonio Herrera en su Historia General de los Hechos de los Castellanos en las Islas y Tierra Firme del Mar Océano la primera prueba escrita de la existencia de la corriente del Golfo.

Las corrientes no solo ayudan -o entorpecen- la navegación, sino que, tal y como se explica en el reportaje “Planeta Océano”, publicado en el número de este mes de National Geographic, “mueven el agua entre las cuatro grandes cuencas oceánicas, haciendo circular aguas cálidas y frías entre los polos y los trópicos. Un sistema permanentemente conectado que absorbe y transfiere el calor, regula la meteorología y el clima y dispersa nutrientes y gases por todo el planeta”.

La corriente del Golfo forma parte de los giros que trasladan el agua de una punta a otra del océano, una especie de cinta transportadora oceánica que intercambia el calor y el frío en diferentes puntos del planeta. En concreto, esta corriente superficial lleva el agua caliente hacia latitudes más altas hasta llegar al Atlántico Norte, donde se enfría y se precipita hacia las profundidades. Agua que después se desplaza de nuevo hacia el sur, para luego extenderse por las regiones circumpolares antárticas. Desde allí se mezclará con aguas más cálidas en las regiones tropicales del Índico y del Pacífico antes de volver a penetrar en el Atlántico, donde asciende y fluye de nuevo hacia el norte por la superficie. Un recorrido por todo el mundo que puede tardar hasta mil años en completarse.

Aquel extraño fenómeno que entorpeció la navegación a los antiguos conquistadores españoles contribuye a regular la temperatura del Atlántico Norte. Por ejemplo, entre otros beneficios, es responsable de que algunas regiones del oeste y el norte de Europa, como el Reino Unido o Escandinavia, gocen de una temperatura mucho más templada de la que les correspondería por su latitud.

Pero la corriente del Golfo es hoy objeto de preocupación entre la comunidad científica. Y es que, según un estudio publicado recientemente en la revista especializada Nature Geoscience, se estaría debilitando en su parte más septentrional, un fenómeno que podría tener graves consecuencias para el clima y la meteorología del planeta. 

¿Por qué deberíamos preocuparnos por lo que pase en el extremo norte del Atlántico?

Porque el océano, como sistema dinámico que es, está en constante movimiento. Por ello, lo que ocurre en uno de sus extremos tiene una consecuencia directa en la otra parte del mundo.

El profesor Ramon Massana, ecólogo marino del Institut de Ciències del Mar de Barcelona, explicaba hace unos días en una entrevista realizada en nuestra cuenta de Instagram que, aunque parezca un sistema cerrado, el Mediterráneo es un mar muy conectado con el Atlántico.

“Las grandes corrientes del estrecho de Gibraltar se llevan las aguas ricas en nutrientes -causantes de una coloración del agua- y la intercambian por agua oceánica procedente de las corrientes superficiales” argumentaba el experto, quien explicaba que este hecho provoca que el Mare Nostrum se beneficie de una aportación ininterrumpida de agua limpia y una salida de aguas turbias. Ello explicaría, por ejemplo, que las aguas del Mediterráneo sean mucho más transparentes que las de otros mares de Europa, como el Báltico o el mar del Norte.

¿Qué efectos tendrá el debilitamiento de la corriente del Golfo sobre el clima mundial? ¿Qué impacto tendrá sobre los ecosistemas marinos situados al otro lado del planeta? ¿Hasta qué punto lo notaremos en el Mediterráneo? Futuras investigaciones ayudarán a arrojar luz sobre las consecuencias de estos fenómenos en nuestros ecosistemas oceánicos. Mientras tanto, será necesario que tomemos medidas urgentes para combatir el creciente estrés al que sometemos a nuestros mares.

National Geographic

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