Nelson Rojas: La anomia social y política

Opinión 15 de mayo de 2021 Por Nelson Rojas Gutierrez
La historia es la ventana que al abrirla, nos ilumina de saberes y  lecciones; es de sabios internalizar y escudriñar la historia. Nos permite extrapolar los escenarios con realismo político. Ir más allá de la rutina espasmódica y simplona de esa política indolente: “Dejar hacer y dejar pasar”, es una mala política nociva para la democracia.

Anomalia

PENSAR, DECIR Y HACER

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 “Dar una dádiva y mirar para  otro lado no soluciona el problema”. Terry Lynn Karl


 

Ante la conflictividad bélica, social, política y económica  que vive el mundo, me motiva a buscar mi portafolio y adentrarme al Seminario Internacional  de Política y Anti política, realizado en la capital de la República en  el Hotel Tamanaco, los días 2,3 y 4 de abril del año 1997, al cual por Yaracuy, fuimos invitados los ex concejales Benjamín Camacho, José Villegas Fuenmayor y mi persona.

 

En ese congreso se infirió y debatió  acerca de la Anomia como fenómeno político y se presenta como la violación flagrante, ociosa y aberrante de todas las leyes, normas y reglamentos instituidos por el estado para el orden ciudadano e institucional. Sabemos que la política es la ciencia especializada de la sociedad,  que tiene como objetivo la convivencia humana, además de ser el arte de gobernar y  saber conciliar todo tipo de intereses;  con equilibrio,  inteligencia, táctica y estrategia; en función del bien común, respetando la disidencia y la libertad de pareceres.

Podríamos decir que  la anomia es la desviación estrafalaria del orden democrático constituido. Va contra la normativa legal establecida. Es la anarquía reinante y visible;  la ilegalidad ejercida de manera subrepticia o encubierta, que trata de liderar y manipular  la masa, que dista mucho de ser pueblo organizado. Sabemos que mientras el pueblo humaniza, la masa bestializa. En todos los aspectos y elementos de las organizaciones sociales y gubernamentales, puede estar presente un conato, una entente  de anomia.  Así como se presenta la anomia social y política; también existe la anomia económica y jurídica. La anomia es  la entropía, el desorden, la desorganización dentro de la organización, la burocratización, la confusión, el caos, y la anarquía  de un  sistema viciado  que hace posible un estado mastodonte e hipertrofiado. Ejemplos de anomia lo vemos hoy en Colombia, donde el desorden tipifica al vecino país como un Estado Fallido y Forajido; en Venezuela la anomia no ha estado ausente del acontecer social, económico  y político; con la agravante del bloqueo y las sanciones impuestas por el injerencismo internacional y donde nuestros connacionales de la oposición,  se han complotado para conspirar contra su país. La agresión  bélica  y terrorista del Estado de Israel contra el pueblo Palestino muestra esa política anomica cuyos gritos del silencio muestran un estado de indefensión. 

 

La historia es la ventana que al abrirla, nos ilumina de saberes y lecciones; es de sabios internalizar y escudriñar la historia. Nos permite extrapolar los escenarios con realismo político. Ir más allá de la rutina  espasmódica y simplona de esa política indolente: “Dejar hacer y dejar pasar”, es una mala política nociva para la democracia. Son muchas las referencias, los tratados, episodios y vivencias narradas y escritas, las cuales  emplazan a repensar las decisiones, partiendo de la inflexión a la reflexión.

 

El momento es propicio para  “recomponer”  al Estado Venezolano; pero no se puede recomponer el estado y al gobierno sino se recomponen los políticos, que solo miran al  ombligo   y no ven el horizonte.  Se necesita voluntad política y participación concienciada  de la sociedad civil y comunidad organizada, para frenar el virus maligno de la anomia. La democracia no està en entredicho, lo que se cuestiona son sus deformaciones, lo que se rechaza son los hombres que la han degradado. Lo que toca es corregir los modos equivocados de hacer política. El hombre anomico es espiritualmente estéril, concentrado sobre sí mismo, no responsable ante nadie. Su única fe es la filosofía de la negación. El verdadero medio de defensa de la democracia contra las toxinas que ella misma segrega, precisa de una  “Nueva Política“ para cambiar, salir de la anomia y convertirnos en un país que haga revolución desde su propia cultura y producción. Ojo avizor                                                                                                                                                                                                                                                                    

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