Reino Unido y Estados Unidos no han sido los mejores vacunando. Han sido los más egoístas

Mundo 24 de mayo de 2021 Por Magnet - Paul Ellis
Hay motivos éticos para que los países ricos sean generosos con los pobres, pero también estratégicos: la pandemia no habrá acabado hasta que no acabe en todo el mundo. No sólo en Europa y América del Norte. Perú, Brasil, Sudáfrica y ahora la India, sumergida en una crisis de volúmenes catastróficos, se cuentan entre los países con un mayor exceso de mortandad a causa del coronavirus.

Vacunas

El arranque de la campaña de vacunación en la Unión Europea fue, por decirlo finamente, decepcionante. Mientras Reino Unido y Estados Unidos avanzaban con rapidez hacia la inmunidad de grupo, el bloque comunitario dirimía disputas contractuales con sus proveedores y proyectaba una imagen de caos, desconcierto e incompetencia hasta cierto punto injusta. Hubo mucho de torpeza política, pero también de información ausente. Europa, al contrario que sus pares, sí estaba exportando vacunas.

El éxito de los países anglosajones sólo era egoísmo.

Los datos. Dos herramientas para entender qué ha pasado durante los cuatro primeros meses del año: número de vacunas producidas y número de vacunas exportadas. No son ni Estados Unidos ni Reino Unido los dos países que más dosis han fabricado durante el primer cuarto de 2021, sino China. Lo ilustran los datos recopilados por el Instituto Peterson y compartidos aquí por uno de sus investigadores, Jacob F. Kirkegaard. El gigante asiático ha producido hasta la fecha más de 415 millones de vacunas.

 
Le sigue de cerca la Unión Europea. Estados Unidos no pasa de las 350 millones. La India ronda ya las 200 millones. Reino Unido ofrece una cifra mucho más modesta, inferior a los 23 millones.

El reparto. Lo importante no es tanto cuánto ha fabricado cada país sino cómo ha repartido cada uno su producción. Y es aquí donde la lentitud de la Unión Europea gana algo de contexto. Ha exportado en torno al 50% de sus dosis fabricadas, más de 200 millones. China puede presumir de un hito similar, habiendo repartido otros 200 millones de vacunas. La India, sumergida en una crisis epidemiológica aguda, ha exportado en torno al 30% de sus dosis. Rusia, 11 millones sobre un total de 65 millones.

La diferencia. ¿Qué hay de dos de los grandes triunfadores de la campaña de vacunación, Estados Unidos y Reino Unido? Una política nacionalista que ha mirado poco de puertas hacia afuera. De los 23 millones de vacunas producidos en suelo británico, sólo 700.000 han llegado a otros países. Como supimos hace algunos meses, el gobierno de Boris Johnson obligó a AstraZeneca y otros proveedores a destinar prioritariamente su producción al mercado británico. Esto provocó que la farmacéutica incumpliera sus acuerdos con la UE, abriendo una grieta política en el camino.

Estados Unidos ha aplicado una estrategia idéntica, con el agravante de ser uno de los mayores fabricantes de dosis. Todas las producidas en suelo estadounidense debían quedarse allí, por mandato gubernamental, y así ha sido. Sólo 2,5 millones han terminado en otros países (sobre un total de 323 millones producidas).

Los ritmos. Es algo que sabíamos desde hacía semanas y que ha ido a más con el paso del tiempo. A mediados de marzo, Estados Unidos fabricaba el 27% de las vacunas y destinaba la impresionante cantidad de 0 al suministro global. Los resultados hablan por sí solos: mientras Europa aún va con cierto retraso respecto a sus pares anglosajones, Reino Unido ha suministrado al menos una dosis al 52% de la población, mientras que Estados Unidos ha hecho lo propio con un 45% de sus ciudadanos. Siguen lejos de Israel, al 62%, pero ya no tanto. Y su escala es mayor.

Inversión. Esto está cambiando, no obstante. Una vez la producción y el suministro se han estabilizado, tanto China como los países europeos han alcanzado a Estados Unidos y Reino Unido. El pasado martes la Unión Europea suministraba 0,78 vacunas por cada 100 habitantes, por encima ya de los resultados británicos y estadounidenses. Ayer mismo China alcanzaba a EEUU en el porcentaje de población vacunada al día. Ambos siguen lejos (Alemania y España acaban de inmunizar al 30% de su población; las cifras de China son más difusas), pero cada vez menos.

El mundo. Los auténticos perdedores de este proceso son los países pobres. Covax, el consorcio internacional creado para suministrar vacunas a las regiones del mundo con menos recursos, sólo ha repartido unas 50 millones de dosis hasta la fecha. Menos del 1% de la población africana ha sido inmunizada; el porcentaje no es mucho mejor para Asia (4,4%). India ofrece un caso muy ilustrativo de lo que está sucediendo: hasta hace muy poco, Estados Unidos mantenía un veto a la exportación de materias primas para fabricar las vacunas del coronavirus allí.

Hay motivos éticos para que los países ricos sean generosos con los pobres, pero también estratégicos: la pandemia no habrá acabado hasta que no acabe en todo el mundo. No sólo en Europa y América del Norte. Perú, Brasil, Sudáfrica y ahora la India, sumergida en una crisis de volúmenes catastróficos, se cuentan entre los países con un mayor exceso de mortandad a causa del coronavirus.

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