La increíble red de tubos para mandar mensajes, dinero y personas

Curiosidades 03 de agosto de 2021 Por Albert Sanchis - Magnet

La increíble red de tubos para mandar mensajes, dinero y personas del Londres del siglo XIX

Hace mucho tiempo, cuando el mundo tecnológico era muy diferente a lo que es ahora, si comprabas algo, el vendedor cogía el dinero, lo metía en un pequeño cilindro de metal y se lo ofrecía a la boca de un gran tubo metálico. Este aparato lo inhalaba con una gran ráfaga de aire, y uno o dos minutos más tarde el cambio y el recibo aparecían en otro cilindro descargado de otra tubería adyacente, habiendo sido dispensado por un cajero escondido a salvo de posibles robos a mano armada.

Era un sistema de mensajes neumático. Y existía en varios países europeos.

Si bien es cierto que muchos de estos sistemas se construyeron sólo en oficinas, también hubo grandes redes públicas construidas para el correo nacional, generalmente en las grandes capitales. Se construyeron después de que se estableciera la telegrafía eléctrica. Uno de los motivos era que los telegrafistas eran trabajadores calificados y se les tenía que pagar más. Empujar una cápsula en una tubería requería mucha menos habilidad.


Así nació en Londres el Pneumatic Despatch Railway (LPDR), un tubo estilo Futurama que transportaba paquetes y personas por debajo de la ciudad en la década de 1860. En plena revolución tecnológica, una serie de fuerzas motrices parecían dispuestas a competir por el futuro. ¿La energía de vapor? ¿El cable? No, era la Era Neumática. Y todo empieza con el correo.

Un sistema de envío postal con ventajas


La Oficina General de Correos era el centro de enrutamiento de todo Reino Unido. Pero el sistema de entrega estaba limitado por las calles estrechas entre las estaciones en el borde de Londres y la oficina de clasificación; y los atascos de tráfico de caballos y carruajes eran constantes. Algunos emprendedores astutos detectaron una oportunidad comercial única. Y se unieron para formar la Compañía de Despacho Neumático.

 
El moderno sistema de cápsulas neumáticas ya había sido inventado por el ingeniero William Murdoch en la década de 1830. Eran tubos de unas pocas pulgadas de diámetro, diseñados para transportar objetos pequeños y ligeros. Impulsados ​​por una máquina de vapor, funcionaban según el principio de succión (así lo hará también el Hyperloop de Elon Musk).

Hubo un momento en que las redes de comunicaciones dependieron de estos tubos. Los mensajes escritos en papel zumbaban a lo largo de las tuberías subterráneas, impulsados ​​por aire comprimido de las máquinas de vapor. Esta forma de Internet steampunk se ha olvidado en gran medida, pero sus orígenes son una buena manera de entender las formas en que la comunicación puede crear problemas y soluciones.

 
El primer sistema se instaló en Londres en 1854 para transportar telegramas entre la Oficina Central de Telégrafos (CTO) y la bolsa de valores, a solo 220 metros de distancia. A medida que aumentaba el volumen de tráfico entrante, la conexión a la bolsa de valores se sobrecargó y los telegramas urgentes comenzaron a acumularse. Se hizo evidente que sería más rápido transportar los mensajes en forma física que retransmitirlos eléctricamente a una distancia tan corta.

Se colocó un tubo subterráneo de una pulgada y media de diámetro a lo largo de la ruta. Así se podían empaquetar cinco mensajes a la vez en un cilindro revestido de cuero con un parachoques de fieltro en la parte delantera. Luego, el vehículo se disparaba a lo largo del tubo a 6 metros por segundo usando aire comprimido de una máquina de vapor.

Pronto el sistema se actualizó con tubos más grandes que tenían una mayor capacidad y luego se expandió por todo Londres. Si bien la red transportaba en gran medida transacciones de valores y documentos comerciales, también se usaba para correspondencia personal para personas que podían pagar el gasto. La idea se difundió rápidamente en el extranjero: pronto empezaron a funcionar redes de tubos neumáticos en París, Berlín, Viena, Praga, Roma, Nápoles y Milán.

 
Una de las versiones más elaboradas se construyó en Nueva York, uniendo varias oficinas de correos en Manhattan y Brooklyn. Con tubos de veinte centímetros de diámetro, podía enviar paquetes pequeños. En su inauguración en 1897, un gato con caparazón fue enviado desde el extremo sur de Broadway a Park Row. Al llegar, el gato estaba aturdido, pero ileso. París desarrolló la red más extensa: se inauguró en 1879 y era capaz de enviar un mensaje a cualquier lugar de la ciudad en dos horas.

 
Tubos más grandes para transportar personas


Era un sistema tan simple que, inevitablemente, a algunos ingenieros de mediados del siglo XIX les pareció bien escalarlo a algo lo suficientemente grande como para transportar personas. Así se erigió en 1861, al borde del río Támesis, un experimento que consistía en 411 metros de túnel de hierro fundido y 80 cm de alto. Las personas se subían a los vagones, se acostaban debajo de una manta y eran despedidos a lo largo del tubo a velocidades de hasta 30 mph. Desaparecían y reaparecían en el otro extremo.

El Beach Pneumatic Transit de 1870 fue la primera línea de metro en la ciudad de Nueva York. Un tren en forma de tubo que podía transportar a 22 personas se metía al ras dentro de un túnel de 2,4 metros de ancho, a lo largo de una pista de prueba de 95 metros debajo de Broadway. Era una atracción turística popular en ese momento, pero nadie logró que los inversores se interesaran en respaldarlo para extenderlo a un ferrocarril subterráneo. Los tubos neumáticos era increíblemente costosos de mantener cuando se amplían al tamaño de los trenes normales.

 
Los sistemas neumáticos se extinguieron gradualmente en la mayoría de las ciudades. El aumento del volumen de correo y las cambiantes necesidades urbanas fueron los principales factores que provocaron su extinción. Los incesantes avances en los nuevos sistemas de telecomunicaciones finalmente reemplazaron esta forma de comunicación. Los ordenadores y los faxes eran herramientas más eficaces para transmitir información. En gran parte ya se habían extinguido a mediados del siglo XX, aunque el sistema de París permaneció en funcionamiento hasta 1984.

Hoy en día, algunos restos de este sistema han sobrevivido en algunos supermercados de ciudades como Barcelona (donde se envían rollos de billetes en tubos de plástico) y algunos bancos.

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