UN PAN DE DIOS

Opinión 25 de agosto de 2021 Por Obed Delfin

 
NUESTRO PAN DE DIOS

Pan de Dios

Se nos murió nuestro pan de Dios. Ante la muerte no hay palabras, solo dolor y soledad.

El dolor que deja la pérdida y la ausencia de sentirnos desamparado en este mundo sin sentido. La soledad de sabernos cada día más solos en la inmensidad.

No hay consuelo para el desconsuelo.

Solo queda la esperanza, de si hay un cielo de almas, que te encuentres con tu muchachito, que antes de ti se fue.

 23 de agosto del 2021 murió Olga.

UN PAN DE DIOS

Olga siempre fue un pan de Dios.

Cuando trabajaba de ecónoma en el hospital de Bachaquero, ella vivía diagonal al mismo en un terreno grande. En ese terreno tenía su casa donde vivía con Daniel, su único hijo. Y en esas cosas de la bondad, construyó a un costado del terreno una ranchita de tablas y a todo enfermo, viejito o viejita sin familia que se encontraba se lo llevaba para la ranchita.

Ahí los cuidaba y si se llegaban a morir ella los enterraba, pagaba el entierro de su propio bolsillo sin pedirle nada a nadie, aunque nunca le sobró el dinero. Eso duró hasta que Daniel creció y ya cansado de pagar tanto entierro y de llevar a tanta gente al cementerio le tumbó la ranchita.

Así fue siempre Olga.

Cuidó y enterró a la abuela, a la madre, a Dámaso, a Remache, a un hijo de Mento y a todo aquel que se atravesaba, y aquí  solo nombro a los conocidos. A Daniel, su hijo, cuando lo mataron, Olga le contó a Eugenita, que lo había tenido en sus brazos abrazado mucho tiempo ahí en la morgue.

Cuidó y estuvo pendiente de todos los que pudo, hasta el último día.

La vimos por último vez hace dos meses atrás cuando vino a visitar a Eugenita, para saber cómo estaba. Porque siempre estaba pendiente de ella y quería cuidarla. Estaba hermosa, con su buen humor y cortesía de siempre.

Este 23 de agosto del 2021 se nos murió.

Purri Purri la ha llorado con un llanto de niña, al haber perdido a quien más quería, a su amiga de juventud. Purri Purri ya no tendrá con quien conversar todos los días.

Ayer, cuando llegó la hora de cenar, Eugenita me miró, y con cierta vergüenza, me dijo: —tenemos que comer.

Y creo que ambos sentimos vergüenza de seguir vivos, mientras sabíamos que Olga había muerto. Fue un sentimiento extraño.

Hoy nos hemos levantado con la inmensa tristeza de saber que ya Olga no está entre nosotros.

Olga y Daniel, ya han muerto. Se nos han ido dos de nuestras alegrías.

Que los dioses eternos, los bendigan por siempre.

Pan de Dios

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