¿Por qué nos encanta el olor de los libros? La ciencia tiene una explicación para ello

Cultura 31 de agosto de 2021 Por Mary Josefina Ochoa
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¿Alguna vez has sentido la inexplicable necesidad de abrir un libro e inhalar profundamente entre sus páginas? No sabemos por qué, pero ese olor nos resulta placentero. Y no podemos evitarlo. No importa si es viejo o nuevo, un cuento infantil de tu primo pequeño o un clásico de Dostoyevski. Todos ellos vienen acompañados de un aroma mágico. Pero, ¿por qué los libros tienen ese olor tan particular? Y sobre todo, ¿por qué nos gusta tanto? Ambas preguntas han sido respondidas por la ciencia.

Una combinación de ingredientes. “Una mezcla de aromas herbáceas, con puntas ácidas y un toque de vainilla sobre un olor a moho subyacente": así describió el olor de los libros Matija Strlic, profesor de Ciencias del Patrimonio de la University College de Londres en su trabajo Olor del patrimonio: un marco para la identificación, análisis y archivo de olores históricos, de 2017. Nadie pensaría que las hojas que pasamos están hechas de moho o vainilla. Y, en realidad, no lo están, pero como veremos más adelante el olor guarda cierta relación.

 
¿Por qué? Principalmente por la degradación en el tiempo de ciertos productos que forman el papel, especialmente la lignina. La lignina es un biopolímero natural, uno de los principales componentes de la biomasa vegetal. Es decir, que está presente en árboles, arbustos y plantas. Cuando las papeleras tratan la madera para hacer papel extraen la celulosa para crear una especie de pasta y eliminan la hemicelulosa y lignina.

Se deshacen de ella porque esta última en particular dificulta el manejo del papel  por sus propiedades naturales de rigidez. Pero su separación no es total. "Durante la eliminación de la lignina, algunos de sus aceites esenciales quedan junto a la celulosa y eso es lo que da el aroma tan característico al papel. Aroma que, por cierto, también se utiliza en algunos perfumes", explican desde el Instituto de Tecnología Química de la Universidad Politécnica de Valencia.



Lo transformamos en aroma. Estos restos de sustancias que quedan en el papel de un libro, junto al paso del tiempo, la exposición al oxígeno y la humedad, van degradándolo provocando ese aspecto amarronado que vemos cuando abrimos un tomo de hace décadas. Sus hojas se hacen frágiles y fáciles de resquebrajarse. Esto es lo que sucede en bibliotecas y archivos, donde ciertos libros dejan de ser aptos para el uso del público en general. Y cuánto más intenso es el olor, más inestable es el papel.

Ese papel contiene diferentes químicos que el cerebro los transforma en aromas. Entre ellos están la vainillina, que huele a vainilla; el ácido acético, cuyo olor se asemeja al vinagre; aldehídos de cadena corta que huelen a pasto seco; y benzaldehído, a almendras amargas. "Si combinas todos, probablemente obtendrás algo parecido al helado de caramelo. Algunos de estos componentes también se encuentran en alimentos procesados a alta temperatura, como el café o la salsa barbacoa", explican los investigadores.

Para perfumes. En el pasado la lignina era un subproducto, un residuo de las papeleras, pero poco a poco se fue convirtiendo en algo que es utilizable. Hoy, la industria química la transforma en compuestos aromáticos tipo vainillina o vainillol para la producción de perfumes o en los llamados BTX (benceno, tolueno y xileno) que se utilizan luego para generar distintos productos químicos o biocombustibles.

Es probable que con el avance tecnológico en la industria papelera, el papel no envejezca como lo hace ahora mismo y que un día dejemos de tener libros que huelan así. Pero el olor de los libros nuevos, una mezcla de componentes químicos, tinta y pegamento, también nos provoca un efecto más allá de lo estrictamente olfativo.

No es chocolate. Para saber cómo percibimos los humanos el olor de los libros, los investigadores de la London College University realizaron un estudio en el que extrajeron los compuestos orgánicos de una novela francesa de 1928 que encontraron en una antigua librería. Los voluntarios olieron a ciegas extractos del libro, además de otros siete aromas sin etiquetar que iban desde chocolate y café hasta mercado de pescado y ropa sucia. Posteriormente, los participantes completaron una encuesta con una pregunta pidiéndoles que describieran el olor del libro histórico.

Sin saber qué olían, más de un tercio de los 79 participantes dijeron que el extracto del libro les recordaba al chocolate. El café fue el segundo aroma elegido. Puede sonar raro, sí, pero el chocolate y el café contienen compuestos químicos fermentados o tostados. Esa lignina y celulosa de la que hablábamos antes, que también encontramos en el papel usado.

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Albert Sanchis - Magnet

Mary Josefina Ochoa

Lic. en Comunicación Social (UCV), inscrita en el CNP Yaracuy 12502. Redactora y Coodinadora de la sección cultura, historia y crónicas del portal digital Alfayaracuy

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