El animal más peligroso del mundo

Ciencia y Tecnología 11 de septiembre de 2021 Por Mónica Artigas - National Geographic

Mosquito

“¿Sabes cuál es el animal más peligroso del mundo? El mosquito”. Me lo soltó con frescura Jorge Wagensberg hace más de una década mientras mostraba, ufano, las nuevas instalaciones de Cosmocaixa en Barcelona, de las que era el director. Todavía no se habían inaugurado, pero el periódico en el que trabajaba me había encargado que las visitara y desvelara lo que allí se cocía. Mientras caminábamos por la magistral obra de Terrades que integra un antiguo edificio modernista y del que se ultimaba la construcción, me contaba que para habitar el llamado “bosque inundado”, uno de los puntales del centro, estaba prevista en las próximas horas la llegada de una anaconda. Debió ver en mí cierto canguelo. De ahí que lanzara su máxima sobre los mosquitos, recordándome una lección conocida pero aplastante: quién más inofensivo parece esconde la amenaza más cruel. Cómo añoramos a Jorge Wagensberg, su don para la divulgación y sus aforismos, entre los que rescato “la trascendencia de un museo no se mide por el número de visitantes, sino por la conversación que genera”. Y le agradezco que me motivara a maldecir los mosquitos con los ojos puestos en el planeta y no desde la posición primermundista de quien los percibe como un engorro veraniego.

Ha llovido desde ese 2004, pero como era de esperar, el mosquito no ha perdido ni un puesto en el ranking. Sigue siendo el animal más letal del planeta. Causa 750.000 muertes anuales. Bajo él, en esta macabra lista, no se sitúan las serpientes —entre 80.000 y 130.000 muertes— ni mucho menos los tiburones —solo 10 muertes en 2020, según el informe de Shark Attack File— sino los humanos, que parece ser causamos 450.000.

La diferencia con otros animales es que el mosquito trabaja en equipo, normalmente asociado a un virus, para poder matar. El virus de la malaria, que transmite el mosquito Anopheles, acaba cada año con 400.000 personas e incapacita a 200 millones. El dengue, que lo transfiere el mosquito Aedes, causa entre 50 y 100 millones de decesos al año. Se suman a la larguísima lista de enfermedades cuyo vector son los mosquitos la fiebre amarilla, la encefalitis japonesa, el virus del Nilo occidental o el Zika, que puede causar daños neurológicos irreparables y a largo plazo en el feto de las mujeres embarazadas.

Existen más de 2.500 variedades de mosquito, aunque solo media decena son peligrosas. Vuelan en los cinco continentes, incluso desde 2020 en la Antártida, el único lugar donde hasta ahora no sobrevivían. Tienen dientes —¡47 piezas!—, una vida de entre 10 días y un mes, una visión muy reducida, y se mueven en un radio muy corto a una velocidad 2 km/h. Pueden detectar a sus víctimas hasta a 50 metros de distancia, guiándose por su emisión de CO2. Pican las hembras, ya que son las que necesitan las proteínas de la sangre para sus huevos.

Son tremendamente resistentes y se adaptan a cualquier ambiente. El cambio climático y la globalización han agravado la amenaza de las especies más letales y para evitar que estas se expandan se investigan cientos de estrategias. Algunas son mecánicas, como las trampas, otras tecnológicas, como las aplicaciones que recogen datos proporcionados por la población que sufre alguna plaga como la del mosquito tigre. Las hay que se aprovechan de tecnologías diversas, como esta publicada en nuestra web y basada en el láser para detectar la abundancia de mosquitos en diferentes momentos del día. Sin lugar a dudas, los métodos de edición genética de laboratorio son una esperanza de futuro, y, como ejemplo, este estudio firmado por un equipo del Imperial College de Londres. Los científicos diseñaron una mutación genética destinada a las hembras del mosquito Anopheles, que transmite la malaria. Era una mutación recesiva que hacía que las afectadas fueran incapaces de picar y también de poner huevos, con lo que generación tras generación, disminuían y podrían acabar desapareciendo.

Hace unos días, algunos suscriptores de National Geographic acudieron a un interesante paseo guiado por la bióloga Sara Pinto en Sevilla bordeando el Guadalquivir para detectar y observar murciélagos, un mamífero que de entrada tiene mala prensa. Al estilo Wagensberg, ahora preguntaríamos: ¿saben cuántos mosquitos puede comerse un murciélago en una sola noche? Pues ni más ni menos que 3000. El murciélago es clave para los ecosistemas ya que no solo es polinizador sino un gran insectívoro; de su conservación depende que muchas plagas de los mosquitos se puedan controlar.

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Fuente: National geographic

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