¿Qué hay detrás de una mente maravillosa?

Ciencia y Tecnología 09 de octubre de 2021 Por Alfayaracuy
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Charles Darwin (1809-1882)

Charles Darwin se mareaba con la sangre y no soportaba presenciar el dolor ajeno. Por eso no pudo aprobar ni un solo curso de Medicina en la Universidad de Edimburgo, donde su padre le envió para que siguiera sus pasos. Alterando la tradición familiar, Darwin confió en su instinto innato, aquel que de pequeño le hacía amontonar pedacitos de roca, contemplar nubes que cambiaban de color, dibujar insectos ignorados y nidos de aves en ciernes. Se matriculó en Letras en la Universidad de Cambridge para adquirir una formación general que incluyera la filosofía y desarrollara la capacidad de observación. Cuando se licenció, recibió una invitación providencial: embarcarse en el Beagle. Tras el legendario viaje, fueron dos las décadas dedicadas a la investigación y a la elaboración de su obra, la GRAN obra, El origen de las especies, que logró terminar pese a los problemas de salud y a las jaquecas que le torturaron mientras lo escribía.

Y el genio de Charles Darwin, con su teoría de la evolución, cambió el rumbo de la historia.

Son muchos los hombres y mujeres con talento. Y después, en otra liga, están los genios. Arthur Schopenhauer los definió -genialmente, cómo no- diciendo que “la persona con talento es como el tirador que da en un blanco que los demás no pueden acertar; el genio es el que da en un blanco que los demás no pueden ni tan solo ver”.

Los genios cambian el rumbo de una disciplina, sea el arte, la literatura, la física o la política. Trascienden y ya nada es igual. Ponen el mundo patas arriba, aparecen con algo incontestable, son capaces de encontrar otras rutas en el razonamiento o protagonizan un actuar inédito que rompe con lo conocido hasta entonces. ¿Pero cuál es la base de estos cerebros privilegiados? ¿Qué tienen en común Charles Darwin y Stephen Hawking, Mozart, Pablo Picasso y Marie Curie, Martin Luther King y Abraham Lincoln, Frida Khalo, Albert Einstein o Leonardo da Vinci?

Pues bien, a pesar de que la genialidad es una cualidad escurridiza y subjetiva, marcada a menudo por un contexto o una época histórica, hay cuatro características que coinciden en los genios: la inteligencia, la creatividad, la tenacidad y la casualidad o la suerte. A veces los genios poseen una combinación de las cuatro, y a veces los identifica una sola de ellas.

Pongamos una persona muy querida en National Geographic, la primatóloga Jane Goodall. Hace unos días acudimos con un grupo de suscriptores de Barcelona, dentro de las Experiencias National, a ver en el cine y debatir sobre el documental Jane, dirigido por Brett Morgen. Es un retrato íntimo donde se evidencian las cuatro características de la genialidad que han marcado a Goodall. Es inteligente, creativa y tuvo suerte y oportunidades —lo que se dice casualidad—, pero es la tenacidad y una determinación fuera de serie, reconocida por ella misma y admirada por sus seguidores, la que hizo que en los años 70, Goodall superara todos los estereotipos, científicos y de género, y se convirtiera en la primatóloga más famosa del mundo. La pasión distingue a los genios. “Me enamoré de él”, contaba Steve Jobs para explicar lo que le sucedió cuando vio su primer ordenador. Y también fue la tenacidad la que hizo que los golpes que recibía se convirtieran siempre en un estímulo. Tras un mazazo, impulso. Tanto fue así, que al ser despedido de Apple por John Scully, el genio despuntó: “Me liberó para entrar en uno de los momentos más creativos de mi vida”.

Tenerlo todo en contra motiva, la creatividad se desata. Albert Einstein tenía tantas dificultades para hablar que sus familiares sentían que era lento, pero a los 20 años resolvía misterios sobre la naturaleza del Cosmos. Henri Matisse se sometió a una cirugía abdominal que lo dejó en silla de ruedas y sin embargo, encontró su manera de hacer arte con sus geniales recortes de papel convertidos en frutas, figuras humanas, flores. Frida Khalo hizo del dolor su acicate artístico porque “amurallar el propio sufrimiento es arriesgarse a que te devore desde el interior”.

Nuestros genios, de algún modo, nos pertenecen. Y es propio del resto de los humanos fantasear, a millones de años luz, sobre nuestras capacidades mundanas. Porque aunque existan predisposiciones genéticas, y algunos talentos nazcan y no se aprendan, motivarse y superarse está al alcance de todos. ¿Somos inteligentes, somos creativos? El nuevo número especial Genios, los secretos de las mentes maravillosas, escrito por Claudia Kalb, a la venta en los quioscos y tienda RBA, nos invita a conocer y amar nuestro cerebro mientras investigamos las curiosidades de estos personajes brillantes, los genios, que nos fascinan y nos hacen confiar en el alcance de la mente humana.

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