LA CONVERSION DE SAULO

Opinión 21 de octubre de 2021 Por Nelson Rojas Gutiérrez

PENSAR, DECIR Y HACER

Nelson Rojas - [email protected]

 

“La única diferencia entre los santos y los pecadores, es que los santos tuvieron su pasado y los pecadores tienen su futuro” Oscar Wilde

Saulo

Hemos leído la historia de la conversión de Saulo, o Pablo; de acérrimo y cruel  enemigo de los cristianos, a legendario evangelista de Dios”. Hechos: Cap. 9: 1-19.  Pablo “no se convirtió en una leyenda tan pronto como cayó del caballo; antes bien, ahí comenzó el proceso que lo llevó a comprender lo maravilloso de la fe”. 

Podemos descubrir algunas lecciones directas de la caída de Pablo: La misericordia divina de Dios llega fundamentalmente, cuando nos encontramos en nuestro punto más bajo. Pablo fue una pesadilla para los primeros cristianos, Su persecución parecía no tener límite. 

Estuvo presente en la lapidación de Esteban.  Dios lo esperó y lo hizo caer de lo más alto, tanto de su caballo como de su torbellino, en contra de los seguidores de su Hijo. De igual manera, Cristo nos ofrece pacientemente su divina misericordia, cuando menos la merecemos; incluso cuando menos creemos merecerla.

La intervención de Dios en nuestras vidas será siempre inesperada. Pablo era la última persona en la cual los primeros cristianos esperarían que fuese su más apasionado defensor, que fue, exactamente, lo que Dios hizo nacer en Pablo. Fe no es esperar a comprender en totalidad la bondad de Dios; paciencia es tener la fe para esperar por ella. La presencia de Dios en nuestras vidas se encuentra a menudo fuera de una iglesia. Saulo cayó del caballo en el camino hacia Damasco, no en su destino, ni en una casa o en algún lugar de adoración.

La casa del Señor es la estación de servicio, donde llenamos de combustible nuestra fe; pero nuestra misión en el servicio a Dios ha de ser persistente, con gran constancia y entereza.  Es en el camino, donde aplicamos la fe para ayudar a otros. Todos cabalgamos   y transitamos por muchos caminos. 

Saulo iba montando su caballo camino a pelear en contra de Dios, matando cristianos.  Podría haber usado el mismo caballo para ayudar a Dios, pero decidió usarlo para hacer lo contrario. Dándole esa respuesta, hizo que Dios lo derribara, para humillarlo como preparación a la gran misión de servirlo en su plan.

Todos tenemos un caballo que nos puede llevar lejos de Dios: ese caballo puede ser orgullo, arrogancia, crueldad, dinero, poder… ¿Nos bajaremos por iniciativa propia o esperaremos a que Dios nos derribe? Fe y humildad superan los cinco sentidos. Pablo nunca caminó al lado de Cristo. No fue de los originalmente elegidos. Pero su fe y su humildad lo hicieron tan grande como aquellos que caminaron con el Señor.

Dios viene a nuestras vidas, y nosotros le permitimos entrar, sin la proporción de lo que creemos, vemos, escuchamos, tocamos o gustamos.  Todas las sensaciones que les siguen son polvo en el camino de la humildad y la fe. Pablo estuvo ciego por un tiempo tras ser derribado de su caballo por Dios. 

Nosotros al igual que Pablo, teniendo vista nos mantenemos ciegos por un tiempo mucho mayor, en el viaje hacia nuestro Damasco. (Hechos, 9:1-7). San Pablo nos enseña que debemos ser apóstoles, anunciar a Cristo comunicando su mensaje con la palabra y el ejemplo. También nos enseña el valor de la conversión, dejando la vida de pecado para dedicarla a la santidad. Ojo avizor.

Temas Relacionados