Manuel Isidro Molina: La última batalla de los cómplices de la destrucción nacional

Opinión 14 de noviembre de 2021 Por Manuel Isidro Molina
Los cómplices de la destrucción nacional se juegan el pellejo, sin enmienda ni compromiso moral y ético alguno. Seguirán en lo mismo, para desgracia de Venezuela.
Manuel Isidro
Manuel Isidro Molina: Periodista, expresidente del CNP, Director de Radio Rumbos

Las elecciones regionales y municipales del próximo domingo 21 de noviembre, no van a cambiar nada en Venezuela. Por eso, la baja expectativa nacional frente a un torneo de más de lo mismo: marketing político estadounidense tropicalizado y prácticas deshonestas de financiamiento que nadie investigará y muy pocos consideran, siquiera, pecaminosas.

El país sigue -y seguirá- dominado por delincuentes de la corrupción administrativa y sus testaferros de todos los colores, exhultante cinismo y oronda sinvergüenzura. 

En general, la "oferta" es muy pobre, en medio de la tragedia histórica que sufrimos en Venezuela, con unos cinco millones de compatriotas emigrados al exterior. La cifra -indeterminada- de quienes hacen planes para emigrar o piensan en hacerlo, es alta y preocupante, sobre todo porque para ellos Venezuela luce clausurada, sin probabilidades reales de realización personal y familiar, más allá de la dura subsistencia con salarios miserables e ingresos familiares pulverizados por la inflación, la especulación y las prácticas delictivas en y contra la economía.

Muchos aspirantes lograrán permanecer o llegar al ejercicio público en gobernaciones, consejos legislativos, alcaldías y concejos municipales, "endeudados" con sus financistas atados a las prácticas delictivas de la corrupción administrativa y su asociado lavado de dinero en Venezuela y el exterior: los hay -testaferros- "oficialistas" y "opositores", pléyade de "empresarios" que han echado raíces profundas en nuestra economía, paraísos fiscales, medios de comunicación y redes sociales telemáticas. 

Esa delincuencia organizada viene asociada a políticos corruptos e irresponsables desde los años 70 del siglo XX, que se muestran "impolutos" y ajenos al empobrecimiento moral de lo público en Venezuela, pero a la hora de amasar dinero sucio sus correrías no tienen diferencias entre "oficialistas" y "opositores", pues cambian de bandos como lo hacen sus peones de la politiquería. También los hay "independientes", para todos los gustos y engañifas.

Es un sistema corrupto, corruptor, chantajista y extorsionador, que censura y coacciona. Para colmo, goza de una tolerancia gigantesca, que a muy pocos asombra.

Las diferencias entre ellos son de cuantía en los expolios al erario, ya que sus mecanismos son idénticos para el enriquecimiento ilícito y el lavado de dinero y activos, a los utilizados por el narcotráfico y otras mafias en Venezuela, Colombia, Estados Unidos, Europa y sus "paraísos fiscales".

"Eso es lo que hay", en esta campaña electoral 2021. Los cómplices de la destrucción nacional se juegan el pellejo, sin enmienda ni compromiso moral y ético alguno. Seguirán en lo mismo, para desgracia de Venezuela.

A partir del 22 de noviembre, comienza una etapa decisiva para el futuro de nuestra patria, que nada tiene qué ver con los resultados del 21-N. La mayoría honesta e inconforme de venezolanas y venezolanos -que no nos resignamos a vivir en esta pudrición y alto grado de injusticia, empobrecimiento y degradación social- tiene ante sí el reto de discutir y estructurar un nuevo proyecto político nacional, para la reconstrucción integral de la República, que comienza por la revitalización moral y ética de las instituciones públicas, la economía y la sociedad, en su más amplio sentido.

Los actuales factores de poder político, economico y comunicacional siguen anclados en el esquema empobrecedor chavismo/antichavismo. La diatriba estatismo/neoliberalismo que lo ha determinado, son herencias perniciosas del siglo XX, que todavía gravitan en el inconsciente colectivo. Ese es el enemigo principal, y habita en lo moral, ético y cultural.

Las corrientes políticas ajenas a esta confrontación dicotómica, excluyente y corrupta, tienen la opción de confluir plural y transparentemente, con suficiente vigor ético, para entroncar con esa mayoría inconforme -hoy desalentada y desorientada, amorfa-  que definitivamente condena a los complices de la destrucción nacional. Esa fuerza social y política comprometida con un futuro distinto, generoso y solidario para Venezuela, será incontenible hacia 2024 y 2025, lapso decisivo para la elección democrática, participativa y transformadora -responsable- de la Presidencia de la República y la Asamblea Nacional. 

Mi principal convocatoria es a deslastrarnos de esa costra de envilecimiento y desánimo que nos oprime y agobia. El siglo XXI nos reta y espera: hemos perdido los primeros 21 años de esta centuria, y lo grave es que involucionamos y sobrevivimos en un país desestructurado y sin noción cierta de lo que nos ocurre como sociedad. Pensar en grande por Venezuela y el buen futuro que merecemos, es el reto, independientemente de si votamos o no votamos el 21-N.

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