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Auditórium: Será esta: ¿La última Navidad triste, de la Venezuela que agoniza?

Opinión 17 de diciembre de 2021 Por Edgar Perdomo Arzola
Edgar Perdomo
Edgar Perdomo

“Que nada te turbe; que nada te espante; todo se pasa; Dios no se muda, la paciencia todo lo alcanza. Quien a Dios tiene, nada le falta. Solo Dios basta”. Eleva tu pensamiento, al cielo sube, por nada te acongojes, ''nada te turbe. ‘‘A Jesucristo sigue con pecho grande, y, venga lo que venga, ''nada te espante”. ¿Ves la gloria del mundo? Es gloria vana; nada tiene de estable, ''todo se pasa''. Aspira a lo celeste, que siempre dura; fiel y rico en promesas, ''Dios no se muda''. Ámala cual merece bondad inmensa; pero no hay amor fino sin ''la paciencia'.' Confianza y fe viva mantenga el alma, que quien cree y espera ''todo lo alcanza''. Del infierno acosado aunque se viere, burlará sus furores ''quien a Dios tiene''. Vénganle desamparos, cruces, desgracias; siendo Dios tu tesoro ''nada le falta''. Id, pues, bienes del mundo; id dichas vanas; aunque todo lo pierda, ''solo Dios basta”. Fin de la oración.

Aquellos gratos recuerdos de niño, cuando los arbolitos adornaban las salas de cada hogar, el olor del guiso de las hallacas se colaba en el olfato, cuando mi mamá ordenaba el amarre de las hallacas,  y las gaitas sonaban en cada rincón de aquella Venezuela. Así eran las Navidades venezolanas, una época calificadas como gratos momentos de la unión familiar.

Las ciudades se llenaban de luces, y las noches parecían diluirse entre la algarabía de un tiempo de felicidad. Pero en los últimos años, con la crisis económica, y social que padece la población, además de la alta migración que sobrepasa los 7.000.000 de venezolanos, la época decembrina ha cambiado, y con el paso del tiempo la emoción ha desaparecido. Los venezolanos que se encuentran en el extranjero,  añoran los abrazos familiares, y miran el rostro de sus seres queridos a través de las pantallas de los celulares,  necesitando mucho espacio para refugiar la nostalgia.

Hoy con mucha tristeza escribo mi último artículo de este año 2021. Los venezolanos nos preparamos para las navidades más tristes, la navidad, ni la felicidad se decreta. Ya es víspera de Navidad, y la Nochebuena  en Venezuela, con mucho dolor, y sin que me quede nada por dentro en decirlo era muy celebrada, y también vivida con auténtica alegría. Estos últimos años no han sido así. No se parece en nada a las otras navidades de los aguinaldos, y utilidades, de la otrora rica nación petrolera, que daban para que sus trabajadores compraran carro, y casa nueva. Tal vez sólo se pueda comparar esta Navidad 2021 a las tristísimas navidades cubanas de 62 años de miseria.  Las de este 2021, a 2 años de la peste china, que ha dejado tantos muertos, y el éxodo de millones de venezolanos que no pueden vivir con 2$ mensuales.                        

Hoy a pocos días de finalizar este año 2021, esto no era así. No se parecen en nada a las otras navidades de aquella pujante nación petrolera, muchos resentidos no les gusta que se diga nada sobre este espinoso tema, de cómo vamos a estar el año 2022, que viene tal vez se quede corto, por lo terrible que veo, a mi pueblo viviendo como esclavos modernos explotados, por las ratas campesinas inmigrantes de comerciantes árabes, y chinos. Y decirlo como la canción de Joaquín Sabina: “tener que decir la verdad por amarga que fuera”. Todavía no sabemos la magnitud del desastre por venir, y aun así seguiremos llenos de pesadumbre, y melancolía. Lo del 2021 no se queda atrás. La tragedia es otra el 2022, con dimensiones mucho mayores. No será una catástrofe natural, como aquella de 1999 en Vargas, sino el producto de la corrupción, la desidia, y la mala administración de un grupo de personas a quienes el país les importa poco o nada. Lo han visto simplemente como la caja chica de sus negocios personales, basta ver circulando las lujosas camionetas Toyota Dubay 2022, con escoltas, y los edificios, y bodegones lujosos en las Mercedes de la Caracas boliburguesa. Y la mayoría del pueblo jubilado, y pensionado padeciendo, con los 7 bolívares de esta última quincena de diciembre 2021.

¿Qué decirle a un pueblo que no huya a pie de su patria, cuando observa palidecido este crimen, y  que busca esperanza, cuando sabe que lo que viene es más desesperanza? No es momento de seguir con las mentiras piadosas. Cualquier cosa que se diga sobre el tema de cómo vamos a estar el año que viene tal vez nos quedemos corto, por lo terrible que anuncia el horizonte.                                                                              

Hoy a 10 años de sobrevivir a un cáncer, y a dos años sin poder ir al exterior al control oncológico por los altos costos, no se si matricularé nuevamente para este año nuevo 2022. Entonces me pongo a pensar en que, a pesar de que avizoro un panorama difícil, hay muchas razones que de momentos me hacen sentir bien y mal a la vez. Como la gente que sigue emprendiendo con trabajos precarios para poder sobrevivir,  a pesar de lo engorroso que se ha vuelto todo. 

Personas que trabajan duro, que no se rinden, para que sus padres e hijos no mueran de mengua. A los jóvenes que han decidido quedarse con todas las expectativas, y vientos en contra, porque quieren, y aspiran construir un país distinto. En los políticos e intelectuales,  de todas las tendencias que a pesar de las crecientes amenazas y represiones, continúan denunciando, investigando, y señalando todo lo malo. En los pdveseros que trabajan literalmente con las uñas, y siguen batallando con ese cadáver en estado de descomposición.  Los médicos que no dejan de luchar para salvar vidas, con todas las circunstancias en contra. En los educadores que todavía enseñan, porque esa profesión en la Venezuela en decadencia es hoy  todo un apostolado.

Pienso en quienes trabajan en la informalidad que se ocupan de todo lo que el gobierno ignora, para mantener este país a flote. Muchos comparten sus alimentos, y sus medicinas, aunque les hagan falta.

Y pienso en los funcionarios civiles, y militares que aun se han mantenido honestos a pesar de que los valores se fueron a la letrina. Una gran sonrisa se asoma a mi rostro, y me pregunto: ¿“tendremos remedio, para salir de esta tragedia”?. Todavía creo que la reserva moral, que se resiste abandonar a Venezuela es muy grande. De todas maneras. Feliz Navidad 2021, y un Prospero Año Nuevo 2022, para todos los sobrevivientes de esta tierra de gracia.

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