De la Teoría de Chomsky («Consenso Manufacturado») a la Era del Teléfono Celular Inteligente

Por: Jorge Hau

La arquitectura conceptual de la izquierda sobre la información occidental descansa sobre las bases de Manufacturing Consent (Los guardianes de la libertad), obra emblemática publicada en 1988 por Noam Chomsky y Edward S. Herman. El texto plantea que los medios occidentales no necesitan una censura explícita para controlar a la masa; en su lugar, utilizan una serie de «filtros» estructurales para determinar qué es noticia y fabricar un consenso en favor de las élites.

Irónicamente, el hecho de que una de las corporaciones editoriales más influyentes del establishment estadounidense (Pantheon Books, filial de Random House/Bertelsmann) publicara y comercializara masivamente este libro en pleno auge del capitalismo global plantea la primera gran pregunta insólita: ¿por qué el sistema no filtró la obra que supuestamente lo desnudaba?

Según la tesis Chomskiana, los medios occidentales operan bajo cuatro grandes filtros:

Filtro Publicitario: Dependencia de los anunciantes, lo que evita agendas que incomoden al gran capital.
Dependencia Oficial: Uso masivo de fuentes de prensa gubernamentales (el Pentágono, la Casa Blanca) para abaratar costos de producción.
El Enemigo Externo: La necesidad de un «antagonista» (ayer el comunismo; hoy el terrorismo, el narcotráfico o las potencias rivales) para infundir miedo y cohesionar a la sociedad tras la política exterior oficial.
La «Ilusión de Elección»: Crear una fachada de diversidad de canales que, en el fondo, comparten el mismo sesgo pro-mercado y pro-OTAN, invisibilizando lo que desafía al establishment.
Sin embargo, sostener esta interpretación hoy exige ignorar la mayor transformación tecnológica de la historia humana: la hiperfragmentación digital.

1. El Quiebre del Oligopolio por la Vía del Creador Independiente

Las premisas formuladas en 1988 chocan frontalmente con el ecosistema comunicacional del siglo XXI. El cambio no es solo ideológico —con la propia China plenamente integrada en la economía de mercado mundial—, sino profundamente técnico.

En la actualidad, millones de personas ya no se informan a través de los noticieros nocturnos de tres o cuatro cadenas tradicionales. Lo hacen mediante plataformas descentralizadas como YouTube, TikTok, Substack, Telegram, X, Rumble o Podcasts.

Cómo es que la información es manipulada por un poder mediático si existen miles de creadores de contenido en YouTube y otros medios sociales que no forman parte de ese poder?

En el segmento del comentario político independiente en EEUU, las auditorías de contenido muestran una marcada simetría:

  • Un 25% adopta posturas de izquierda (desde el progresismo hasta el socialismo ideológico afín a Chomsky. todos abiertamente hostiles a las cadenas tradicionales).
  • Un 25% se alinea con la derecha conservadora (con audiencias masivas como Ben Shapiro o Tucker Carlson, abiertamente hostiles a las cadenas tradicionales).
  • Un 50% se ubica en el centro, el periodismo de datos o el análisis institucional.

Resulta difícil sostener que cientos de miles de creadores individuales, armados con micrófonos y conexiones a internet, forman parte de una conspiración coordinada para «fabricar el consentimiento» de las masas o responder a los intereses del Pentágono o de la CIA.

2. El Ciudadano Como Sensor Global: El Caso George Floyd

Si el Estado democrático occidental ejerciera un control férreo sobre el flujo informativo, ciertos acontecimientos jamás habrían salido a la luz.

El asesinato de George Floyd en 2020 no fue descubierto ni reportado en primicia por una gran corporación de noticias, sino grabado por una adolescente con su teléfono celular desde la acera. La difusión viral e instantánea del video obligó a la expulsión inmediata del oficial Derek Chauvin, desencadenó protestas masivas, derivó en un juicio público transparente y culminó con una condena de 22.5 años de prisión.

Cómo ese poder mediático puede controlar al periodismo directo?Casos como este se cuentan por miles: abusos de poder, filtraciones financieras o negligencias corporativas son expuestos diariamente por ciudadanos comunes, haciendo imposible la contención gubernamental en un marco democrático.Incluso mucho antes de la era digital y las redes sociales, el sistema de pesos y contrapesos de las democracias ya demostraba su capacidad para contener y castigar el abuso de poder. El célebre escándalo Watergate no fue un hecho aislado, sino la articulación implacable de una prensa libre, un poder judicial independiente y un Congreso fiscalizador que obligaron al presidente Richard Nixon a dimitir el 9 de agosto de 1974.El caso desmintió de manera categórica la tesis de un «sistema hermético»: lejos de ser silenciado o encubierto por el establishment, el abuso de poder desencadenó un proceso institucional y periodístico de más de dos años que culminó con la caída de la figura más poderosa del mundo libre: Richard Nixon.El escándalo de la prisión de Abu Ghraib en Irak (2004) es otro caso icónico que se convirtió en uno de los mayores hitos periodísticos, políticos y judiciales de la Guerra de Irak, demostrando nuevamente cómo la prensa libre y las investigaciones judiciales pueden sacar a la luz abusos del propio Estado. El programa 60 Minutes II de CBS News y la publicación del periodista de investigación Seymour Hersh en la revista The New Yorker revelaron el caso al público y al mundo.El Pentágono juzgó e impartió condenas de cárcel a 11 soldados y oficiales con condenas de 3 a 10 años de prisión. Años después, contratistas privados de interrogatorio que operaban en la cárcel enfrentaron demandas multimillonarias presentadas por sobrevivientes iraquíes en tribunales federales de EEUU.El caso de Rodney King fue uno de los antecedentes más importantes de lo que hoy conocemos como periodismo ciudadano y rendición de cuentas policial. El 3 de marzo de 1991, fue detenido por oficiales del Departamento de Policía de Los Ángeles (LAPD) tras una persecución en autopista. Aunque King ya no ofrecía resistencia armada, cuatro agentes lo golpearon repetidamente con bastones, le propinaron patadas y utilizaron una pistola Taser mientras decenas de otros policías observaban. El caso no fue fácil para la víctima, un jurado casi íntegramente blanco en un tribunal de las afueras de Los Ángeles absolvió a los policías de la mayoría de los cargos. La indignación pública ante el veredicto desencadenó los disturbios de Los Ángeles de 1992, considerados una de las mayores olas de protestas violentas en la historia moderna de EEUU.Posteriormente, el Departamento de Justicia intervino y procesó a los oficiales, dos de los oficiales fueron hallados culpables y sentenciados a prisión federal. Rodney King demandó a la ciudad de Los Ángeles y recibió una indemnización de 3,8 millones de dólares.Nada de esto es concebible en China, Rusia, Cuba, Irán, Venezuela, Nicaragua, y Corea del Norte.3. La Libertad de Consumir la Propaganda del AdversarioA diferencia de autocracias como China, Rusia, Irán, Venezuela, Nicaragua, Corea del Norte o Cuba, donde los gobiernos apagan servidores, bloquean la web con cortafuegos o persiguen penalmente la lectura de medios extranjeros, en Occidente el acceso a las narrativas antagónicas está garantizado por la ley.Cualquier ciudadano en EEUU o Europa puede acceder sin cortapisas a la propaganda oficial de estados rivales gracias a la protección de la Primera Enmienda y las normas de libertad de expresión:China: Cadenas estatales como CGTN y CCTV se transmiten en abierto por operadores de cable (Comcast, Spectrum) y aplicaciones de transmisión gratuita.Cuba y Venezuela: Señales como Cubavisión Internacional, VTV o TeleSUR operan vía satélite e internet de forma libre.Rusia e Irán: A pesar de las sanciones comerciales a plataformas corporativas, portales como RT, Sputnik o HispanTV permanecen accesibles vía web. La legislación estadounidense no prohíbe su consumo; simplemente exige etiquetar el contenido como «distribuido en nombre de un gobierno extranjero».Corea del Norte: Incluso la señal de la Televisión Central Norcoreana (KCTV) es accesible mediante portales de monitoreo académico (KCNA Watch) y satélites de banda C.La paradoja es absoluta: los críticos del «imperialismo cultural» hacen sus denuncias desde democracias occidentales mientras consumen libremente la televisión estatal de Catar, Teherán, Moscú, del régimen del chavismo en Venezuela, de China. Sin embargo, un ciudadano en Beijing, La Habana o Rusia no goza del derecho recíproco de leer la prensa occidental sin usar herramientas de elusión, arriesgar sanciones o arresto.Conclusión: El Dogma DesfasadoLa teoría de la «fabricación del consenso» nació en un mundo analógico dominado por tres cadenas de televisión abierta, periódicos de papel y agencias de noticias centralizadas. Pretender aplicar ese esquema a la era del teléfono inteligente, el contenido generado por usuarios y la dispersión narrativa es un ejercicio de anacronismo ideológico.Citar las tesis de 1988 como si el tiempo no hubiera transcurrido no es una prueba de rigor académico, sino una negativa a aceptar la realidad. La infraestructura actual no padece una asfixia de ideas por «filtros corporativos», sino una abundancia sin precedentes de voces, agendas y narrativas contrapuestas. La censura por la fuerza existe en el mundo contemporáneo, pero no se ejerce en las democracias; se ejerce precisamente en los regímenes autoritarios que esa misma narrativa pretende justificar.El monopolio mediático es una mentira. En un monopolio, por definición, hay una única fuente que controla la oferta total de información y noticias, sin que existan competidores. Sin embargo, los Quoristas que continua y diariamente replican noticias de RT, Sputnik, HispanTV, TeleSur, CGTN, Al Jazeera, se quejan del monopolio mediático.

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