Por: Alejandra Manzini

Durante décadas tuvo sentido. Elegías una institución por su historia, su prestigio, sus profesores y un programa que podía mantenerse prácticamente igual durante años. El conocimiento envejecía lentamente y una buena formación podía prepararte para una carrera relativamente previsible, como un MBA.
Pero ese mundo ya no existe.
Hoy la Inteligencia Artificial puede cambiar en meses la manera de trabajar de un departamento entero. Los datos están modificando cómo tomamos decisiones. La automatización está entrando en procesos que hasta hace poco parecían exclusivamente humanos. Y aparecen herramientas, modelos de negocio y formas de competir a una velocidad que hace muy difícil saber qué conocimientos seguirán siendo relevantes dentro de tres años.
Ese es el verdadero problema de la educación tradicional: el mercado puede cambiar más deprisa que la formación diseñada para prepararte para él.
No creo que las escuelas clásicas sean malas. Algunas son extraordinarias. La cuestión es otra: cuando una organización ha sido diseñada durante décadas alrededor de estructuras, programas y procesos muy estables, cambiar al ritmo de la tecnología no siempre resulta sencillo.
