En 1951, Mario Briceño Iragorry publicó Mensaje sin Destino, un ensayo que hoy, a la luz de los acontecimientos que sacuden nuestra geografía, se lee más como una profecía sombría que como una advertencia histórica. En aquel entonces, Don Mario diagnosticaba una «crisis de pueblo» caracterizada por el desarraigo y una peligrosa dependencia de la renta petrolera que, a su juicio, nos desconectaba de la tierra y de nuestra memoria. Mientras otros veían en el crudo el motor del progreso, Briceño Iragorry advertía que, sin una identidad nacional sólida, la riqueza del subsuelo solo traería facilísmo, consumismo y la sustitución de nuestros valores por esquemas foráneos.
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CNE DE CONSENSO Y EL RESCATE DE LA DIGNIDAD VENEZOLANA

Autor: Manuel Alzuru
Venezuela no aguanta más maquillajes ni repartos de cuotas. Hoy alzamos la voz para exigir la elección de nuevos rectores del Consejo Nacional Electoral, pero bajo una advertencia clara: el PSUV debe olvidarse de pretender colocar a sus dirigentes como en años anteriores. Los nuevos rectores deben ser el resultado genuino del consenso de la mayoría de los venezolanos; este es un proceso que debe avanzar con la misma urgencia y al mismo ritmo con el que se reporta la producción de petróleo y la explotación de minerales como el oro y el hierro. No hay excusas para la demora.
Es imperativo renovar el registro e inscribir a los nuevos votantes, así como abrir de inmediato los consulados en todos los países donde se encuentran nuestros compatriotas. El derecho al voto no conoce fronteras y el deseo de cambio de los que se fueron debe ser respetado. La urgencia de este proceso no responde únicamente a la necesidad de lograr una transición en paz, sino al hecho de que nuestro pueblo atraviesa una situación económica y social asfixiante. Como decimos popularmente, aquí ‘no se le ve el queso a la tostada’: mientras el gobierno interino y los Estados Unidos informan a diario sobre los beneficios económicos de la comercialización de nuestros recursos, la realidad en la calle es otra. Nuestra gente, y muy especialmente los yaracuyanos, somos cada día más pobres.
La incertidumbre crece de forma exponencial. Somos uno de los estados con mayor índice de pobreza extrema en el país, rondando un alarmante 70 por ciento. Esta tragedia se traduce en rostros, en desnutrición infantil, en la vulnerabilidad de nuestros abuelos de la tercera edad y en un colapso severo de la salud, el agua y la electricidad. No podemos seguir viviendo de anuncios macroeconómicos mientras el estómago del ciudadano está vacío. Estamos convencidos, y las últimas encuestas nacionales lo ratifican, de que más del 66 por ciento de los venezolanos exigimos elecciones libres y transparentes para finales de este año. El hambre y la crisis no esperan, y la voluntad de un pueblo que quiere decidir su futuro, mucho menos.»
